¿Listos para el campamento?
“¿Cuál es la mejor edad para ir al campamento?” preguntaba ayer una señora que es posible que se convierta en mamá de un campista. Es una buena pregunta, y dado que se preguntó en tres conversaciones por teléfono esta última semana, parece merecer un poco de sabiduría convencional para un público más amplio.
Como regla simple y digna de confianza, un niño normalmente está listo para un campamento de varios días cuando puede pasar la noche con un amigo lejos de su casa. Por término medio, eso de pasar la noche en casa de un amigo comienza a los ocho o nueve años, a medida que su capacidad de relacionarse con otras personas y su independencia se desarrollan, después de que los grados primero y segundo le han dado la seguridad en sí mismo para levantar el vuelo. Para algunos niños, esto puede que no ocurra hasta los once o doce años o incluso después, pero la conclusión es que una noche lejos de casa prepara el terreno no solo para sobrevivir, sino para prosperar en un campamento de tres semanas y media, e incluso para una sesión de siete semanas. Esta regla práctica (y más de 100 años de experiencia institucional) a menudo sirve como punto de referencia revelador, sino de consuelo, para los padres de familia que de otra manera podrían asumir que sus hijos son demasiado jóvenes para un campamento de varios días, y para los niños que no están seguros de si van a poder arreglárselas.
Es posible que usted experimente una profunda desconexión entre lo que siente de manera racional y emocional antes de que su hijo vaya a un campamento por primera vez. Sabemos que queremos que nuestros hijos sean felices; que tengan éxito y sean fuertes; que digan y hagan lo que deben para hacer amigos; que se sientan cómodos en su propia piel y respeten la individualidad de los demás. Especulamos que si los tenemos cerca, les damos las respuestas necesarias y les preparamos el camino con cuidado, podemos estar bastante seguros de que aterrizarán donde queremos. Pero, ¿qué pasa más allá de esa “pista de aterrizaje”? A la larga, los niños tienen dificultades tanto a nivel académico como social si su “brújula interna” para solucionar problemas, tomar decisiones y establecer relaciones –todas habilidades necesarias para una vida exitosa y gratificante- no ha sido activada. Usted no quiere de ninguna manera que eso pase cuando están a punto de entrar en la universidad. Dejar que se vayan es posible que le haga sentir como si le estuvieran cortando el brazo derecho, sobre todo si existe la posibilidad de que su hijo sienta nostalgia o incertidumbre, que cometa un error o que no coma porque es un poco delicado a la hora de comer. Racionalmente es posible que reconozca que su hijo se beneficiará (por no decir que disfrutará) de la experiencia lejos de casa, pero el corazón de los padres de familia se acelera con solo pensarlo.
“La educación de la independencia” sigue un proceso de aprendizaje parecido al de las matemáticas, la lectura o los deportes. Un adolescente no comprende el cálculo, ni escribe un ensayo coherente de final de curso ni hace lanzamientos de manera consistente sin antes haber adquirido los conocimientos necesarios. De la misma manera, un adolescente no se levanta de la cama un día y se siente seguro de sí mismo, independiente y deseoso de probar cosas nuevas en un cumpleaños concreto. Entones, ¿cómo lo hace? Haciendo que personas adultas le ofrezcan dosis de independencia en momentos oportunos y tengan el valor de decir “Hazlo. Yo sé que puedes hacerlo”. Desde luego que existen muchas maneras de ofrecer dichas oportunidades a su hijo. Sin embargo, los campamentos de verano se establecieron para colaborar con los padres de familia en esta misión.
Si usted decide que este verano es el momento oportuno para un campamento de varios días, es completamente natural tanto para su hijo como para usted estar nerviosos… e incluso más a medida que se acerca el verano. Mientras usted está en casa intentando “dejar a su hijo levantar el vuelo”, él se acomodará en el campamento y bajo la supervisión de personal comprensivo y dispuesto a ofrecer apoyo, realizará todas las actividades que usted espera: hará nuevos amigos, intentará nuevas actividades, vivirá en un lugar bello y saludable. Y si su hijo siente nostalgia, lo cual le pasa a casi todo el mundo en un entorno desconocido, independientemente de la edad, puede que le duela, pero racionalmente comprenderá que superar la nostalgia catapultará a su hijo a la próxima etapa en el camino hacia la independencia. Asistir a los campamentos ofrece a sus hijos la seguridad de embarcarse en más aventuras, sabiendo que si lo hicieron una vez, pueden volver a hacerlo.
Aunque no se lo crea, las sesiones de campamento pasan volando. Y una vez que los niños regresan a casa y escuche sus historias de campamento, les oiga cantar las canciones del campamento y sienta su orgullo por todo lo que han hecho y conseguido, comprenderá racional y emocionalmente que les ha dado un regalo maravilloso.
Dottie Reed es la administradora jefe de Camp Pemigewassett en Wentworth, New Hampshire. Para ponerse en contacto con la autora, escriba a dottie@camppemi.com.
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