Cómo crear ventaja para la universidad
Cuando comencé mi carrera como director de campamento en 1993, mi madre me confió lo siguiente: “Los campamentos de verano son como la universidad, solo que un poco antes”.
Siendo un gran partidario de la sabiduría de mi madre, he reflexionado acerca de esto bastante a menudo. Los campamentos de verano fueron una parte importante de mi desarrollo personal cuando era joven e incluso hicieron acto de presencia en mis solicitudes de admisión a la universidad y a los estudios de postgrado. Sin embargo, la idea de que “los campamentos eran como la universidad” no tenía mucho sentido para mí en aquel momento.
En los últimos dieciséis años, he descubierto que este es un pensamiento muy profundo.
Hace tres años, estábamos hablando con una amiga cuya hija estaba en su primer año de universidad. Tanto la madre como la hija habían tenido muchas dificultades con la separación. “En el primer semestre, hablábamos todos los días, a veces cinco o seis veces. Mi hija estaba tan triste e incómoda lejos de casa. Eso realmente afectó sus notas y su vida social. En su segundo semestre está mejor, y solo llama una o dos veces al día. Sin embargo, todavía me preocupo por ella”.
Esta conversación me recordó un discurso que ofreció la Dra. Wendy Mogel hace unos años. La Dra. Mogel es una psicóloga clínica y educadora que escribió el libro sobre la crianza de los hijos “The Blessing of a Skinned Knee” (La bendición de una rodilla magullada) que fue un éxito de ventas. En él, contaba una historia sobre una buena amiga suya cuya hija estaba en el primer año de universidad en Sarah Lawrence.
A diferencia de mi amiga, la hija de esta mujer prosperó en su primer semestre en la universidad. Consiguió unas notas excepcionales (llegó a la lista de honor de la universidad) y se convirtió en presidenta de su promoción. Durante el fin de semana de visitas de los padres, su madre conoció a la madre de una estudiante en el último año de universidad que era presidenta del alumnado y estaba considerando varias ofertas de trabajo. Las dos madres estaban compartiendo historias sobre las experiencias de sus hijas en la universidad cuando la madre de la chica de último año le dijo algo inesperado a la otra:
“Estoy segura de que tu hija asistió a un campamento de verano”.
“Sí, pero ¿cómo lo sabe?”
“No me sorprende. He notado que las amigas de mi hija que tuvieron un primer buen año en la universidad, todas habían asistido a un campamento de varios días en algún momento. Las que no lo hicieron tuvieron dificultades”.
La diferencia entre estas dos experiencias (nuestra amiga y la de Wendy) me llevaron a pensar por qué puede que eso sea cierto. Aquí les presento lo que se me ocurrió.
Ir a la universidad presenta muchos retos, de los que voy a destacar tres:
- Mayor rigor académico (La tarea en la universidad es más difícil que en la escuela secundaria.)
- Estar lejos de casa y del sistema tradicional de apoyo (Familia, amigos, lugares conocidos.)
- Batallar con una gran cantidad de incertidumbre (¿Qué exigirán las clases, cómo me voy a integrar socialmente y puedo llevarme bien con este nuevo compañero de cuarto?
Por supuesto que los campamentos de varios días hacen poco para lidiar con el primer reto de rigor académico, pero ayudan bastante con los otros dos.
Los campamentos ayudan a los estudiantes a adaptarse a estar lejos de casa sirviendo de práctica. Los campistas que van a campamentos (a veces incluso en kindergarten o primer grado) experimentan el estar separados de sus familias. Desde luego que muchos campistas sienten nostalgia, pero el apoyo de la comunidad de los campamentos y las actividades les ayudan a controlar este reto inicial. La nostalgia es algo natural. Los niños extrañaran a sus padres.
Además, vivimos en una sociedad en la que a veces se les sugiere a los niños que solo están a salvo si se encuentran al alcance de la vista de sus padres. Sin embargo, nosotros los padres de familia queremos que nuestros hijos tengan seguridad e independencia para que puedan llevar una vida productiva, satisfactoria y feliz. Los campamentos permiten a los niños experimentar la independencia con éxito. Así como en la universidad, están lejos de su casa. A diferencia de la universidad, se encuentran en una comunidad comprometida a garantizar su seguridad física y emocional.
Los campamentos también ayudan a los niños con la incertidumbre. La primera semana de campamento está repleta de incertidumbre. ¿Quiénes son los instructores? ¿Qué son estas tradiciones? ¿Adónde voy? ¿Quiénes van a ser mis amigos? ¿Voy a tener éxito? Así como en la universidad, existe incertidumbre relacionada con los horarios (adónde ir y cuándo) e incertidumbre social (quiénes, en este grupo de personas extrañas, van a ser mis amigos).
Los campistas experimentan cómo superar esta incertidumbre. Me gusta pensar en esto como si se tratara de fortalecer el “músculo de la capacidad de recuperación”. Al haberlo hecho ya, la próxima experiencia que conlleve incertidumbre va a ser más fácil.
Los campistas que regresan a los campamentos año tras año tienen numerosas oportunidades de fortalecer ese músculo. Para cuando van a la universidad, tienen tenacidad y mucha más seguridad en sí mismos.
Así el ex-campista que llega a la universidad en su primer semestre puede concentrar su energía en los retos del rigor académico, pero no se preocupa de estar lejos de su casa ni de la incertidumbre de encontrarse en un nuevo entorno. Otros estudiantes se enfrentan a los tres retos. Visto de esta manera, no es difícil comprender cómo los campamentos pueden ayudar en el entorno de la universidad.
El verano pasado, una mamá de un campista con mucha experiencia me contó que su hijo mayor iba a la universidad. Le pregunté que cómo se sentía. “Le voy a extrañar”.
“¿Le preocupa su primer semestre?”
“En absoluto. Ya ha asistido a campamentos durante nueve años, así que ya sé que va a estar bien. Está muy emocionado con este reto. El campamento también me ha ayudado a mí; ya he tenido práctica en eso de estar separada de él. Va a deslumbrar en la universidad”.
Un poco más tarde esa misma noche, mi esposa y yo coincidimos en tres cosas: primero, lo que nos acababa de decir esa mujer había sido una de las cosas más bonitas que habíamos escuchado sobre los campamentos. En segundo lugar, estamos muy felices de pensar que los campistas que han pasado a formar una parte importante de nuestra vida van a tener una ventaja en la universidad. En resumen, mi madre tenía razón, una vez más.
Steve es director de Camp Champions en Texas y tesorero de ACA. Escribe blogs en la revista Psychology Today sobre eldesarrollo juvenil para recomendar las ventajas de los campamentos de verano.
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