Una guía práctica para conservar la niñez


Por Peg L. Smith, directora ejecutiva
de American Camp Association

Se dice que se requiere de todo un pueblo para educar a
niños fuertes y sanos. Sí, es necesario un
pueblo lleno de personas para educar a los niños,
pero también es necesario el pueblo mismo.

Hace cien años, las casas estaban en pueblos y las cabañas en los
bosques. La gente vivía rodeada de espacios verdes abiertos hasta donde
alcanzaba la vista. Ese ya no es el caso, el "pueblo" ha cambiado.

¿Qué hemos olvidado?

Durante generaciones los niños se criaban al aire libre. Caminaban para
ir a la escuela, montaban en bicicleta y caminaban descalzos por la hierba. La
niñez se caracterizaba por inocencia, imaginación, asombro y risa.
Estar en espacios cerrados todo el día se consideraba una tortura.

Según un estudio de 2005 realizado por la fundación
Kaiser Family Foundation, los niños hoy en día
pasan más de cinco horas
al día enchufados a algún tipo de aparato electrónico. Eso
es más tiempo del que pasan en cualquier otra actividad aparte de dormir.
Cada vez existe más evidencia de que toda esta influencia electrónica
afecta la capacidad de los niños de pensar por sí mismos.

Además, el ejercicio físico es una práctica
en desuso. Se ha acuñado un nuevo término para
el problema mundial del peso: "globesidad".
Se estima que unos 22 millones de niños menores de cinco años en
todo el mundo ya se consideran obesos.

Según Richard Louv, autor de Last Child in the Woods,
la sociedad está comunicando
un mensaje a los niños: "La naturaleza es algo perteneciente al
pasado, los aparatos electrónicos al futuro y el hombre del saco vive
en el bosque".

Es imposible alejar a un niño de la naturaleza sin
que sufra consecuencias. Louv explica que cuando la naturaleza
se sustituye por una constante exposición
a la televisión y las computadoras, el uso de los sentidos se reduce al
tamaño de la pantalla que están mirando a diario, convirtiéndose
así en algo empaquetado y limitado.

¿Qué sabemos?

Cuando la naturaleza y los juegos se combinan, tienen un
impacto profundo en la salud y el desarrollo de los niños.

La Academia Americana de Pediatría dice que "El
juego es esencial para el desarrollo ya que contribuye al
bienestar cognitivo, físico, social
y emocional de niños y jóvenes". La misma
academia también
informa de que "El juego es tan importante para el
desarrollo óptimo
de los niños que ha sido reconocido por la Oficina
del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones
Unidas como un derecho de todos los niños".

Un estudio de la Universidad de Essex en Inglaterra concluyó que
la naturaleza ayuda a recuperarse de tensión o problemas
preexistentes, tiene un efecto inmunizador que protege contra
la tensión futura y ayuda a concentrarse
y a tener claridad de pensamiento.

Con la televisión, las computadoras, los teléfonos
celulares y los iPods®, los niños están
expuestos a diario a más
imágenes y anuncios de los que pueden procesar. No
debe sorprender que sufran de estrés.

Si uno ve tanta televisión como los niños
del mundo desarrollado, es posible que tenga la impresión
de que el mundo está lleno de
adictos al crack y de pedófilos. La escritora Rosa
Brooks dijo: "Olvídense
del alarmismo de la televisión: su hijo tiene las
mismas probabilidades de que le alcance un rayo que de ser
víctima de lo que el Departamento
de Justicia de los EE.UU. llama "secuestro estereotípico".
Y a menos que viva en Bagdad, su hijo tiene muchas más
probabilidades de ser atropellado por un auto que de ser
herido de gravedad mientras pasea por el vecindario".

¿Hacia dónde vamos?

Según la Asociación Americana de Salud Pública, "El
retiro a espacios cerrados de tantos niños tiene a los ecologistas preocupados
de que estos niños que crecen sin recuerdos de haber pescado en un arroyo
cercano o haber caminado por un bosque idílico se puedan convertir en
adultos para los que conservar el medio ambiente no sea una prioridad".

Hace muy poco se ha enviado una petición con una "Llamada
a la acción" al
inspector general de sanidad que decía "Independientemente
de la edad, pasar tiempo en la naturaleza nos ayuda a reducir
el nivel de estrés,
a hacer ejercicio y a relajar la mente. Para los niños,
estar en contacto con espacios verdes y entornos naturales
mejora su capacidad de aprender, su agilidad y equilibrio,
y puede calmar considerablemente a aquellas personas con
trastornos de ansiedad y emocionales. Y, una conexión
con la naturaleza en la niñez puede tener como consecuencia
una ética para toda
la vida de respeto hacia un medio ambiente limpio y saludable".

¿Qué debemos hacer?

Debe existir una conciencia de que la vida de un niño sin los beneficios
de la naturaleza está privada de un componente esencial. Existe el riesgo
de fracaso en la adolescencia si se priva a los niños de oportunidades
de desarrollo importantes.

Es fundamental que se vuelva a reinsertar a los niños
en la naturaleza. No existe nada más valioso que la
niñez; es un derecho, un momento
de descubrimiento y exploración. Y los campamentos
se ajustan perfectamente a esa ecuación.

Peg
L. Smith
es la directora ejecutiva de American Camp Association.

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