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Por Bob Ditter, L.C.S.W.
Es probablemente difícil imaginar, cuando se dispone
a examinar la "lista para empacar", contar los
calcetines, sacar el baúl y asegurarse de que el nombre
de su hijo está puesto en todas las cosas que lleva
al campamento, cómo será su hijo o hija cuando
regrese a casa después del campamento de verano, la
aventura para la que se está esforzando tanto para
prepararle. Sin ninguna duda, para muchos
padres la despedida exige bastante esfuerzo emocional y logístico
que no queda tiempo para pensar a dónde lleva todo
ese trabajo. Así pues permítame
darle una idea de lo que puede esperar cuando su hijo regrese del campamento. Es posible que sirva de ayuda,
cuando le está preparando para ir al campamento, tener
una "visión general" de lo que supone
este esfuerzo.
Su hijo va a estar cansado. No sólo físicamente
sino también a nivel emocional. Como puede
ver, uno de los atractivos de los campamentos es que hacen
a los niños participar, no sólo en actividades
sino como miembros activos de una comunidad. ¿Qué significa
eso? Su hijo está a punto de adquirir varios
"hermanos" o "hermanas" con los cuales tendrá que
compartir todo: el espacio personal, la atención del
consejero, el tiempo, la diversión,
el entretenimiento, la toma de decisiones, la limpieza (sí,
tareas), algunas de sus posesiones personales y los amigos. Esto
exige un nivel de negociación y un tira y afloja que
la mayoría de los niños no experimentan en
ningún otro lugar más que en el campamento.
Esta experiencia de por sí aporta grandes beneficios.
Conozco padres que me han dicho que su hijo cooperaba mucho
más
en casa después de haber asistido a un campamento.
O que se llevaba mejor con sus hermanos. O que
comía muchos más tipos de comidas o limpiaba
su habitación. Quizá el comentario más
frecuente de los padres de familia es que sus hijos parece
que se han calmado después de regresar a casa tras
el campamento, lo cual les parece desconcertante a algunos
padres. ¿De dónde proviene esta
calma? Una vez que se dan cuenta de que se pueden arreglar
solos, que pueden negociar con sus compañeros, defenderse,
llegar a acuerdos y descubrir que todo está bien,
les da una seguridad en sí mismos que es relajante.
Su hijo puede que esté un poco triste después
del campamento. Si hay algo que defina los campamentos
es la intensidad. Muchos niños conocen
a sus mejores amigos en los campamentos. Abandonar
ese ambiente social tan rico donde aprenden a hacer cosas
que pensaban que no eran capaces de hacer crea un vacío
temporal. Yo lo llamo la tristeza de agosto.
Después
de una noche de descanso y una buena cena (y unos cuantos
aparatos electrónicos), se animarán. Mi
consejo como padre de familia es que los primeros dos días
después del campamento sean tranquilos. Que
sean unos días de reunión familiar. Las
historias, canciones, los dichos y la nueva sabiduría
adquirida aparecerán poco a poco, y cuando lo hacen,
es como si su hija de repente se diera cuenta de todo lo
que ha traído a casa de su experiencia en el campamento.
Y mientras recuerdan, es posible que usted se sorprenda
de la madurez de la persona a la que escucha y que se pregunte,
como muchos padres me han dicho que hacen: "¿Cuándo
se ha hecho tan mayor?" En el campamento, ¡por
supuesto!
Bob
Ditter se desempeña como terapeuta infantil,
juvenil y familiar en Boston, Massachussets.
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