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Por Peg L. Smith, directora ejecutiva de American Camp Association
Lo asombroso de nuestros niños es su manera de vivir
en el momento presente. Esperar, juzgar, reflexionar, esas
cosas se dejan para otros momentos, para la persona en la
que se van a convertir cada uno de ellos. Preservar los recuerdos
del verano y especialmente las nuevas situaciones y amigos
del campamento se vuelve algo confuso para los padres que
buscan el campamento apropiado, el “momento apropiado”.
Probablemente estos momentos expresen la recién descubierta
confianza de su hijo para explorar el mundo y probar cosas
nuevas, hacer amigos y desafiarse de maneras que antes no
le habrían parecido posibles. Esta nueva confianza
se manifestará cuando comparta sus experiencias de
campamento en el curso de las actividades diarias mientras
viajan en el auto, durante la comida o en la casa. Y estos
recuerdos no serán nada menos que extraordinarios.
A medida que se aproxima agosto y volcamos nuestra atención
en aprovechar los últimos momentos dulces del verano,
comienzan a aparecer los recuerdos del campamento. De hecho,
apenas toma nada de tiempo que esas nuevas experiencias,
amigos y actividades se conviertan en una parte imborrable
de lo que ha sido el verano.
La memoria nunca debería ser sobre lo que hemos
perdido sino sobre lo que llevamos en nuestros corazones
para siempre, la satisfacción de ver a un pequeño
grupo de niños agarrados de la mano de camino al parque,
las hojas y cáscaras que un niño coloca con
cuidado en una página para decorar un dibujo para
uno de sus padres, el perro del campamento que en secreto
era “un
amigo especial” y lo sabía, y el momento en
el que el salpicón al tirarse a la piscina dejó sin
habla a todos los presentes, tal y como lo hacen los fuegos
artificiales al iluminar el cielo. Y también los momentos
de tranquilidad, los sonidos de las luces apagadas, el susurro
de las cobijas de la cama, el “cansancio saludable” después
de una caminata, el resplandor del sol en la pila de toallas
junto al lago, las canciones de treinta y siete versos en
el autobús.
Y la memoria sin duda nos sirve de mucho, y para nuestros
hijos ofrece una transición importante para convertirse
en adultos. Cuando se presentan dificultades o desafíos
la memoria nos promete que las cosas mejorarán, y
cultivar estos recuerdos de la niñez es un acto importante
para ayudar a los niños a convertirse en adultos fuertes
y seguros de sí mismos.
La niñez necesita una dosis saludable de memoria
de vez en cuando, y a medida que la capacidad de memoria
de sus hijos aumenta, compartir su verano es el modelo perfecto
para establecer conexiones, tener un sentido de pertenencia,
arriesgarse, y, lo que es más importante, crecer.
Los campamentos son el escenario ideal para la niñez
y su celebración de la imaginación y los logros,
su libertad para que nuestros niños griten y agiten
las manos, e incluso el cansancio que surge cuando los campos
de juego están sin luz, los columpios parados, las
luces apagadas, y ellos están satisfechos, satisfechos
de sentirse completamente vivos en el mundo, no está ni
medio mal para un verano.
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