Bob Ditter, L.C.S.W.
Si es como la mayoría de los padres, usted participa
de manera activa en la vida de sus hijos. Conoce
a sus amigos; los transporta a todas sus actividades después
de la escuela; sabe el nombre de su canción favorita
en estos momentos y lo que más les gusta comer; y
hablan juntos de cosas realmente importantes. Es posible
que incluso les haya comprador un teléfono celular
para estar en contacto con ellos varias veces al día.
Imagínese que todo eso se interrumpe de la noche
a la mañana.
No, no estoy hablado de ningún desastre; estoy hablando
de lo que pasará cuando su hijo se vaya al campamento.
De repente, la casa puede parecer tranquila y vacía. Le
digo esto porque el campamento va a aportar un cambio temporal,
pero importante en la relación con su hijo. En
pocas palabras, usted va a tener más tiempo libre.
En todos los artículos que he visto escritos para
ayudar a los padres a prepararse para los campamentos, la
mayoría
se concentran en lo que hay que llevar, lo que hay que comprar
y quizá un poco en lo que decir para preparar a su
hijo emocionalmente. Pero pocos hablan de lo que usted como
padre puede hacer para prepararse para esta separación
importante.
Eso no quiere decir que estar alejado de su hijo sea malo.
En secreto, muchos padres suspiran por el tiempo que van
a tener para ellos mismos, sintiéndose un poco culpables
de que quizá puedan disfrutar de esta paz, tranquilidad
y respiro de todas las responsabilidades. Cualquiera
que sean sus sentimientos, es importante reconocerlos para
poder comunicar el mensaje que desea comunicar, un mensaje
que asegure a su hijo de que esta opción llamada campamento
es una oportunidad beneficiosa y saludable.
Y los niños se dan cuenta. Se dan cuenta por
la indecisión en su voz o por la expresión
de su cara o por el número de veces que les pregunta
cómo piensan que se van a sentir ellos alejados de
la casa. (¿No es extraño que a veces
hacer una pregunta pueda ser realmente como una afirmación?)
Y si usted no está realmente preparado, sus hijos
se darán cuenta y no podrán ir sin sentir nostalgia,
sin sentir preocupación por usted, y sobre si usted
y su hijo pueden sobrevivir separados, o preocupados por
si el programa que han elegido es realmente tan bueno para
ellos como usted les dice.
¿Qué puede hacer? Primero, hable con un amigo
o su esposo sobre esto. ¿Qué siente? ¿Cuál
fue el motivo para mandar al niño al campamento en
primer lugar? Tener un punto de vista externo nos puede ayudar
a ver nuestras cosas con más claridad.
En segundo lugar, piense lo que su hijo va a conseguir.
Sí, puede que estén un poco nerviosos al principio,
pero harán nuevos amigos y crecerán de muchas
maneras. Y el aprendizaje no se limita a cosas como
aprender a jugar mejor el tenis o su estilo de natación.
El aprendizaje proviene de la experiencia inapreciable de
estar solos prosperando en un ambiente seguro que fomenta
los riesgos saludables. Es decir, aprenderán
a enfrentarse a diferentes situaciones. ¿Se
puede dar a un niño una destreza mejor que esta hoy
en día?
En tercer lugar, si quiere profundizar en su propio crecimiento,
lea el libro de Wendy Mogel, The Blessing
of a Skinned Knee
(Penguin Compass Books, 2001). El libro es un razonamiento
elegante sobre el valor del aprendizaje que proviene de las
inevitables penurias y dificultades de la vida. El objetivo
de la doctora Mogel es ayudar a los padres a educar a sus
hijos con una mayor capacidad para adaptarse, mayor respeto
y la capacidad de enfrentarse a diferentes situaciones.
Y finalmente, reflexione sobre el mensaje que comunica a
su hijo si no resuelve sus propios sentimientos para dejar
ir a su hijo. Sus hijos le examinarán
la cara para obtener respuesta a preguntas tales como, "¿Crees
que puedo aprender a enfrentarme a diferentes situaciones
de la vida?" "¿Crees en mí?" "¿Va
a estar bien sin mí?" "¿Voy a estar
bien sin usted?"
Cuando reflexione sobre esto, confíe en que la conexión
que usted tiene con su hijo no se descompone ni evapora cuando
están separados físicamente. Todo lo
que les ha enseñado está ahí. Sentir
ansiedad o tristeza por verlos marchar es completamente razonable
y comprensible. ¿Cómo puede amar a sus
hijos y no tener sentimientos como estos? Sin embargo, una
de las lecciones más valiosas que como adultos podemos
mostrar a nuestros hijos es que incluso a pesar de nuestros
sentimientos, no importa lo intensos que sean, hacemos lo
que es mejor ("sí, te amo y me preocupo por
ti . . . y te dejo ir".) ¡Qué lección
sobre la vida tan estupenda para ellos!
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