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Página de los padres » Boletín electrónico CAMP » Número de mayo de 2007

¡Voy a estar bien sin ustedes!
Bob Ditter, L.C.S.W.

Si es como la mayoría de los padres, usted participa de manera activa en la vida de sus hijos.   Conoce a sus amigos; los transporta a todas sus actividades después de la escuela; sabe el nombre de su canción favorita en estos momentos y lo que más les gusta comer; y hablan juntos de cosas realmente importantes. Es posible que incluso les haya comprador un teléfono celular para estar en contacto con ellos varias veces al día. Imagínese que todo eso se interrumpe de la noche a la mañana. 

No, no estoy hablado de ningún desastre; estoy hablando de lo que pasará cuando su hijo se vaya al campamento. De repente, la casa puede parecer tranquila y vacía.  Le digo esto porque el campamento va a aportar un cambio temporal, pero importante en la relación con su hijo. En pocas palabras, usted va a tener más tiempo libre. En todos los artículos que he visto escritos para ayudar a los padres a prepararse para los campamentos, la mayoría se concentran en lo que hay que llevar, lo que hay que comprar y quizá un poco en lo que decir para preparar a su hijo emocionalmente. Pero pocos hablan de lo que usted como padre puede hacer para prepararse para esta separación importante.

Eso no quiere decir que estar alejado de su hijo sea malo. En secreto, muchos padres suspiran por el tiempo que van a tener para ellos mismos, sintiéndose un poco culpables de que quizá puedan disfrutar de esta paz, tranquilidad y respiro de todas las responsabilidades. Cualquiera que sean sus sentimientos, es importante reconocerlos para poder comunicar el mensaje que desea comunicar, un mensaje que asegure a su hijo de que esta opción llamada campamento es una oportunidad beneficiosa y saludable.

Y los niños se dan cuenta. Se dan cuenta por la indecisión en su voz o por la expresión de su cara o por el número de veces que les pregunta cómo piensan que se van a sentir ellos alejados de la casa.  (¿No es extraño que a veces hacer una pregunta pueda ser realmente como una afirmación?) Y si usted no está realmente preparado, sus hijos se darán cuenta y no podrán ir sin sentir nostalgia, sin sentir preocupación por usted, y sobre si usted y su hijo pueden sobrevivir separados, o preocupados por si el programa que han elegido es realmente tan bueno para ellos como usted les dice.

¿Qué puede hacer? Primero, hable con un amigo o su esposo sobre esto. ¿Qué siente? ¿Cuál fue el motivo para mandar al niño al campamento en primer lugar? Tener un punto de vista externo nos puede ayudar a ver nuestras cosas con más claridad. 

En segundo lugar, piense lo que su hijo va a conseguir. Sí, puede que estén un poco nerviosos al principio, pero harán nuevos amigos y crecerán de muchas maneras. Y el aprendizaje no se limita a cosas como aprender a jugar mejor el tenis o su estilo de natación. El aprendizaje proviene de la experiencia inapreciable de estar solos prosperando en un ambiente seguro que fomenta los riesgos saludables. Es decir, aprenderán a enfrentarse a diferentes situaciones. ¿Se puede dar a un niño una destreza mejor que esta hoy en día?

En tercer lugar, si quiere profundizar en su propio crecimiento, lea el libro de Wendy Mogel, The Blessing of a Skinned Knee (Penguin Compass Books, 2001). El libro es un razonamiento elegante sobre el valor del aprendizaje que proviene de las inevitables penurias y dificultades de la vida. El objetivo de la doctora Mogel es ayudar a los padres a educar a sus hijos con una mayor capacidad para adaptarse, mayor respeto y la capacidad de enfrentarse a diferentes situaciones.

Y finalmente, reflexione sobre el mensaje que comunica a su hijo si no resuelve sus propios sentimientos para dejar ir a su hijo. Sus hijos le examinarán la cara para obtener respuesta a preguntas tales como, "¿Crees que puedo aprender a enfrentarme a diferentes situaciones de la vida?" "¿Crees en mí?" "¿Va a estar bien sin mí?" "¿Voy a estar bien sin usted?"

Cuando reflexione sobre esto, confíe en que la conexión que usted tiene con su hijo no se descompone ni evapora cuando están separados físicamente. Todo lo que les ha enseñado está ahí.  Sentir ansiedad o tristeza por verlos marchar es completamente razonable y comprensible. ¿Cómo puede amar a sus hijos y no tener sentimientos como estos? Sin embargo, una de las lecciones más valiosas que como adultos podemos mostrar a nuestros hijos es que incluso a pesar de nuestros sentimientos, no importa lo intensos que sean, hacemos lo que es mejor ("sí, te amo y me preocupo por ti . . . y te dejo ir".) ¡Qué lección sobre la vida tan estupenda para ellos!

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