Richard Louv
Cuando estaba en la escuela secundaria, todos los veranos
mi amigo Pete Sebring desaparecía durante unas semanas
para ir a un campamento al oeste de Colorado Springs. A
mí me disgustaba. Para mí, esas semanas
húmedas de julio en Kansas se hacían eternas,
y después volvía Pete contando sus aventuras —como
si hubiera estado en el país de las mil maravillas
alpino.
De hecho, ese campamento formó a Pete de maneras
que ninguno de los dos percibimos en aquella época. Él
da crédito a sus veranos en Colorado por darle la
base para el éxito y la longevidad —más
de tres décadas— como profesor.
"El campamento me animaba a inventar actividades,
tales como servir de pionero en caminatas y noches de supervivencia,
e identificar plantas originarias de la parte central de
Colorado", comenta. "Una vez, mientras
recogíamos astrágalos (planta poco común
de América del Norte), que sabían como judías
verdes crudas, descubrimos un lugar de caza antiguo lleno
de flechas, carbón y copos de sílex. También
me topé con osos pardos, coyotes, pumas y lobos — uno
blanco y uno negro. Sólo los niños que
estaban conmigo me creyeron".
Yo era uno de esos niños que no creían que
Pete se había topado con lobos. Esta mañana,
confirmé la historia: El Departamento de Recursos
de Colorado informa que, aunque los lobos fueron erradicados
en los años 1930 por medida oficial, "ha habido
noticias esporádicas de lobos en Colorado durante
varias décadas" — ninguno confirmado.
Puede que hayan sido híbridos de lobos o perros o,
quizás
incluso, lobos. "Sus aullidos nocturnos eran
largos, sonoros y desconcertantes", recuerda Pete.
Una razón más por la que me habría
gustado ir al campamento con él.
Así y todo, durante esos años, yo tuve mis
propias aventuras — una niñez con libertad de
movimiento para pescar, buscar serpientes y construir fuertes
en los bosques. Esas experiencias formaron mi vida
tanto como el tiempo que pasó Pete en el campamento
formó la suya.
Hoy, demasiados pocos niños y jóvenes tienen
ninguna de esas experiencias — con libertad de movimiento
o los campamentos. En mi último libro, Last
Child in the Woods, contaba como es probable que los
jóvenes
le hablen de la selva tropical del Amazonas, pero tan probable
que se vean en apuros para describir la última vez
que exploraron un bosque solos o que se tumbaron en un campo
a escuchar el viento y ver pasar las nubes. La naturaleza
se está convirtiendo en una abstracción, algo
para ver en la televisión en el asiento trasero de
una minifurgoneta.
En el año 2005, "Generation M: Media in the
Lives of Eight-to Eighteen-Year-Olds (La generación
M: los medios de comunicación en la vida de los niños
entre 8-18 años), una encuesta realizada por la Kaiser
Family Foundation (Fundación de la familia Kaiser)
en el año 2005, reveló que actualmente los
niños están enchufados a algún tipo
de aparato electrónico una media de cinco horas y
media al día, "el equivalente a un trabajo a
tiempo completo, y más tiempo del que pasan haciendo
ninguna otra actividad aparte de dormir ".
Un motivo por el que los niños no salen mucho es
el miedo de los padres. Las noticias y los medios de
comunicación nos han adiestrado a pensar que la vida
más allá de la puerta de nuestra casa es mucho
más peligrosa de lo que en realidad es, por lo menos
en lo que se refiere a las personas desconocidas. Sin
embargo, es poco probable que este miedo desaparezca, la
cual es una de las razones por las que es probable que los
padres de familia valoren los campamentos más en el
futuro de lo que lo hacen hoy. El riesgo siempre forma
parte de la vida, pero los campamentos ofrecen a los padres
la tranquilidad de que sus hijos van a estar seguros a la
vez que disfrutan de los regalos de la naturaleza.
Los beneficios físicos son obvios; otros son más
sutiles pero no menos importantes. Por ejemplo, los
estudios muestran que las experiencias en la naturaleza reducen
de manera significativa el estrés en los niños. Los
juegos en áreas naturales mejoran la flexibilidad
cognitiva, la capacidad para resolver problemas, la creatividad,
la autoestima y la autodisciplina de los niños. La
incidencia del trastorno de déficit de atención
es menor cuando los niños tienen acceso frecuente
al aire libre. Estudios de programas educativos al
aire libre diseñados para jóvenes problemáticos ―especialmente
aquellos diagnosticados con problemas mentales― muestran
un claro valor terapéutico.
En pocas palabras, los niños están más
felices y más sanos cuando tienen oportunidades frecuentes
y variadas de disfrutar de actividades al aire libre.
Los campamentos orientados hacia la naturaleza también
contribuyen al cuidado de la salud de la tierra; muchos estudios
muestran que jugar en la naturaleza durante la niñez
es el principal factor para determinar de la conciencia medioambiental
de los adultos.
Está claro que los campamentos son mucho más
que preparar "s’mores"*. Pete nos
lo podría haber dicho. De hecho, ya lo hizo.
*Dulce que se prepara en la hoguera de un campamento.
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