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Página de los padres » Boletín electrónico CAMP » Número de enero de 2007

El campamento perfecto para mi hijo

Por Michael Thompson

Cuando tenía trece años y era un niño que no había salido nunca de la ciudad, mi madre se dio cuenta de que era perezoso e insoportable. Dijo que estaba en la etapa impertinente y que había que mandarme a un campamento. Así que mis padres me mandaron a un campamento para aprender a navegar en canoa sólo para niños que me encantó. Fue una de esas experiencias maravillosas de mi vida. Volví a casa más fuerte y con más confianza en mí mismo que hacía dos meses (aunque probablemente seguía siendo insoportable).

Hace unos cuantos años, cuando mi hijo Will tenía doce años, pensé que ya era hora de que fuera a un campamento a pasar unos días. Al mirar a mi "dulce" y tierno hijo al borde de la adolescencia, tuve una reacción clásica de padre. Pensé que mi hijo debería ser más independiente, que necesitaba alejarse del control sobreprotector de su madre, y que podía beneficiarse de practicar más actividades al aire libre para hacerse más fuerte. Además, era necesario que se alejara de sus juegos de video y de su computadora portátil durante un mes. (Claro, él no pensaba que lo necesitaba, pero yo estaba convencido.)

Por supuesto, yo quería escoger un campamento que ofreciera a mi hijo la misma experiencia increíble que había sido para mí. Me di cuenta de que mi hijo no era tan atlético y extrovertido como lo había sido yo a su edad, así que elegí un campamento que tuviera muchos de los mismos elementos que tuvo el mío: que fuera sólo para niños, que tuviera hogueras, canoas y kayaks, actividades acuáticas, etc., pero que también tuviera cosas que le encantaban a mi hijo y en las que yo nunca había destacado: arte, carpintería y teatro. Visitamos el campamento a finales del verano del año anterior al que iba a asistir al campamento. Mi hijo se divirtió jugando Ultimate Frisbee® con un grupo de niños e instructores. Dijo que le había gustado, así que al año siguiente se fue al campamento.

Fue al campamento sólo para niños durante dos veranos y yo estaba muy orgulloso de él por haberlo hecho. Se arriesgó e intentó hacer cosas que él no había hecho nunca, incluido el navegar en kayak y las actuaciones delante de todo el campamento. Al final de la segunda estación, recibió un premio de arte. Sin embargo, no había duda de que él no estaba realmente cómodo allí. El campamento no le encantaba. Aunque todo el personal del campamento era muy amable y los otros niños muy agradables, estaba claro que ese campamento no era para él. Cuando fui a buscarlo el último día del segundo año de campamento, observé que mi hijo era más fuerte, más seguro de sí mismo y más atractivo que antes. Me miró fijamente a los ojos y me dio la noticia: "Papá", dijo, "no quiero volver aquí. Este es tu tipo de campamento, no el mío. Yo no soy como tú".

¡Ay!, eso sí que me dolió. Mis intenciones habían sido tan buenas. Pero como su madre y yo queríamos que tuviera una experiencia de campamento que le encantara, otra vez nos pusimos a buscar el campamento perfecto. Este último verano le mandamos a un campamento de arte que ofrecía clases de cerámica, teatro, carpintería, soplado de vidrio e imagen y sonido, entre otras cosas. Nos llamó al final de la primera semana para decirnos entusiasmado que había conseguido un papel en "Rocky Horror Picture Show" y que iba a asistir a un seminario de comedia en directo. En el torno de carpintería había fabricado un precioso bastón de madera para practicar artes marciales que todavía usa a diario. Quiere regresar al año que viene para las ocho semanas completas. (¿Ya les dije que también tuvo una novia en el campamento?)

El otro día le pregunté a Will: "Ya sé que el campamento de arte te gustó mucho más que el campamento para aprender a navegar en canoa, pero ¿crees que aprendiste algo en ese oro campamento?" "No, papá", respondió Will. "Me gustaría haber pasado esos dos años en el campamento de arte". Yo, sin perder la esperanza, le pregunté si habían tenido hogueras en su campamento de arte. Con un tono de voz exasperante, anunció, "PAPÁAA, ese no es de ese tipo de campamentos".

Sé que por alguna parte hay una lección para todos los padres y yo estoy intentando encontrarla. ¿Fue un error mandar a mi hijo al tipo de campamento que me había gustado tanto a mí? ¿Es importante que a un niño le gusten todas sus experiencias de campamento? ¿Puede uno predecir lo que le va a gustar a un niño de trece años? (Pienso que no.) ¿Tiene algún valor que un hijo intente hacer las cosas que su padre quiere que haga, cumpliendo de esta manera una obligación inconsciente hacia su padre y definiendo mejor su propia identidad? Espero que sí porque es lo que ha pasado en esta familia.

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