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Cuando tenía trece años y era un niño
que no había salido nunca de la ciudad, mi madre se
dio cuenta de que era perezoso e insoportable. Dijo que estaba
en la etapa impertinente y que había que mandarme
a un campamento. Así que mis padres me mandaron a
un campamento para aprender a navegar en canoa sólo
para niños que me encantó. Fue una de esas
experiencias maravillosas de mi vida. Volví a casa
más fuerte y con más confianza en mí mismo
que hacía dos meses (aunque probablemente seguía
siendo insoportable).
Hace unos cuantos años, cuando mi hijo Will tenía
doce años, pensé que ya era hora de que fuera
a un campamento a pasar unos días. Al mirar a mi "dulce" y
tierno hijo al borde de la adolescencia, tuve una reacción
clásica de padre. Pensé que mi hijo debería
ser más independiente, que necesitaba alejarse del
control sobreprotector de su madre, y que podía beneficiarse
de practicar más actividades al aire libre para hacerse
más fuerte. Además, era necesario que se alejara
de sus juegos de video y de su computadora portátil
durante un mes. (Claro, él no pensaba que lo necesitaba,
pero yo estaba convencido.)
Por supuesto, yo quería escoger un campamento que
ofreciera a mi hijo la misma experiencia increíble
que había sido para mí. Me di cuenta de que
mi hijo no era tan atlético y extrovertido como lo
había sido yo a su edad, así que elegí un
campamento que tuviera muchos de los mismos elementos que
tuvo el mío: que fuera sólo para niños,
que tuviera hogueras, canoas y kayaks, actividades acuáticas,
etc., pero que también tuviera cosas que le encantaban
a mi hijo y en las que yo nunca había destacado: arte,
carpintería y teatro. Visitamos el campamento a finales
del verano del año anterior al que iba a asistir al
campamento. Mi hijo se divirtió jugando Ultimate Frisbee® con
un grupo de niños e instructores. Dijo que le había
gustado, así que al año siguiente se fue al
campamento.
Fue al campamento sólo para niños durante
dos veranos y yo estaba muy orgulloso de él por haberlo
hecho. Se arriesgó e intentó hacer cosas que él
no había hecho nunca, incluido el navegar en kayak
y las actuaciones delante de todo el campamento. Al final
de la segunda estación, recibió un premio de
arte. Sin embargo, no había duda de que él
no estaba realmente cómodo allí. El campamento
no le encantaba. Aunque todo el personal del campamento era
muy amable y los otros niños muy agradables, estaba
claro que ese campamento no era para él. Cuando fui
a buscarlo el último día del segundo año
de campamento, observé que mi hijo era más
fuerte, más seguro de sí mismo y más
atractivo que antes. Me miró fijamente a los ojos
y me dio la noticia: "Papá", dijo, "no
quiero volver aquí. Este es tu tipo de campamento,
no el mío. Yo no soy como tú".
¡Ay!, eso sí que me dolió. Mis intenciones
habían sido tan buenas. Pero como su madre y yo queríamos
que tuviera una experiencia de campamento que le encantara,
otra vez nos pusimos a buscar el campamento perfecto. Este último
verano le mandamos a un campamento de arte que ofrecía
clases de cerámica, teatro, carpintería, soplado
de vidrio e imagen y sonido, entre otras cosas. Nos llamó al
final de la primera semana para decirnos entusiasmado que
había conseguido un papel en "Rocky Horror Picture
Show" y que iba a asistir a un seminario de comedia
en directo. En el torno de carpintería había
fabricado un precioso bastón de madera para practicar
artes marciales que todavía usa a diario. Quiere regresar
al año que viene para las ocho semanas completas.
(¿Ya les dije que también tuvo una novia en
el campamento?)
El otro día le pregunté a Will: "Ya sé que
el campamento de arte te gustó mucho más que
el campamento para aprender a navegar en canoa, pero ¿crees
que aprendiste algo en ese oro campamento?"
"No, papá", respondió Will. "Me
gustaría haber pasado esos dos años en el campamento
de arte". Yo, sin perder la esperanza, le pregunté si
habían tenido hogueras en su campamento de arte. Con
un tono de voz exasperante, anunció, "PAPÁAA,
ese no es de ese tipo de campamentos".
Sé que por alguna parte hay una lección para
todos los padres y yo estoy intentando encontrarla. ¿Fue
un error mandar a mi hijo al tipo de campamento que me había
gustado tanto a mí? ¿Es importante que a un
niño le gusten todas sus experiencias de campamento? ¿Puede
uno predecir lo que le va a gustar a un niño de trece
años? (Pienso que no.) ¿Tiene algún
valor que un hijo intente hacer las cosas que su padre quiere
que haga, cumpliendo de esta manera una obligación
inconsciente hacia su padre y definiendo mejor su propia
identidad? Espero que sí porque es lo que ha pasado
en esta familia.
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